El estadounidense Phil Mickelson ha conseguido su tercera Chaqueta Verde en siete años (2004, 2006 y 2010) tras proclamarse vencedor de la 74ª edición del Masters de Augusta, primer Grand Slam de la temporada. Un registro extraordinario. Además de embolsarse el premio de 1,3 millones de dólares, el campeón considera que lo "que realmente da prestigio" es vestirse esta prenda chillona y de pana inglesa. Esta vez no fue Tiger quien se la puso, como la última vez, sino el argentino Ángel Cabrera, defensor del título y quien se supone que disfrutó más vistiendo a Phil que al inglés Lee Westwoods en el aniversario de la pérdida de Las Malvinas.
Se trata del ganador que todos querían: amante padre de familia, discreto en su vida privada, siempre sonriente y afable, y cercano al público que le adora en Augusta, en Estado Unidos y casi en todo el mundo. Pocos deportistas de elite pueden decir que el día anterior a la victoria más importante de su carrera estén viendo la televisión con su hija mayor de 10 años hasta la una de la madrugada, consolándola tras haber sufrido un pequeño accidente y romperse el tendón de una muñeca haciendo 'skating'. Parece el empalagoso guión de una película para todos los públicos, pero así es Phil, un hombre hogareño que representa todo los valores que dominan la sociedad americana y que no le perdonan a Tiger. El número uno del mundo recibió el aplauso del público que respeta sus logros en golf ; pero el cariño era para Phil y para su familia, que le esperaba impaciente y llorosa al borde del 18.
"No sabía si ella iba a estar a allí, en el green del 18, o en casa cuidando de nuestro hija. Verla en el green del 18, con mis hijas, fue una gran emoción. No tengo palabras para expresar todo lo que siento ahora". Curiosamente, Mickelson, como Tiger, tampoco ha vivido un buen año, aunque por muy diferentes circunstancias. En mayo pasado se le diagnosticó a su mujer Amy un cáncer de pecho y semanas después a su suegra. Esta circunstancia le llevó a tomar la decisión de dejar la competición momentáneamente para dedicarse en cuerpo y alma a su familia. En lo que va de temporada está moderando su calendario, ya que sólo ha disputado 7 pruebas, cuyo mejor resultado había sido la octava posición en el AT&T de Pebble Beach.
Pese a todo partía, junto a Tiger Woods, como el gran favorito en las apuestas. Aunque se había prodigado poco por los torneos, ya todos hablaban de un nuevo Phil, un nuevo swing y una mentalidad ganadora que se pudo ver en los dos últimos días del torneo. Las estadísticas hablaban a su favor: desde el Masters de 1999, excepto en 2007 que terminó en el puesto 24º, no había bajado ningún año de la décima posición. En junio cumplirá 40 años, la edad perfecta para graduarse en Augusta; y aunque Phil (maestro ya en 2004 y 2006) no tenía que demostrar nada, ha dejado otra huella en las estadísticas del torneo, batiendo su propio récord de golpes, 272 (sumó 279 en 2004 y 281 golpes en 2006) y sacando los colores al 'Augusta National', que no registraba unos números tan bajos (-16) desde la victoria de Tiger Woods en 2001 con el mismo resultado.
Los últimos 18 hoyos los culminó con 67 golpes, su segunda mejor vuelta final. El año pasado también se despidió con 67 golpes para terminar en quinta posición. Y lo mejor de todo es que no cometió errores el domingo, que eso ya es mucho para cualquiera de los aspirantes al título y para el propio Phil, que durante muchos años cargó con el sambenito de 'segundón', ya que no acababa de rematar en las vueltas importantes, en las que llegaba a cometer errores muy tontos.
"Como dije al principio de la semana, este año me sentía muy cómodo en Augusta. Sabes que no tienes que ser perfecto sino muy consistente porque, a veces, con un gran juego, también llegan los bogeys. Así es este campo, hay que asumirlo e intentar hacer tu juego".
Ese Phil ya se fue. El Phil de 2010 es un jugador renovado, con un gran espíritu de lucha, con una mentalidad más fuerte y más seguro de su juego. "Sabía que tenía que hacer birdies. En ocasiones se oían muchos gritos por delante de nosotros y no sabías muy bien lo que estaba pasando hasta que llegabas a green y veías el marcador, cuando lo ponían. Y por suerte salí muy bien parado del Amen Corner. El 12 y sobre todo el golpe del 13, desde los árboles, fueron la clave para distanciarme de Lee y llegar al final con sobrada ventaja".
Augusta no sólo ha coronado a otro ganador de la Chaqueta Verde; le ha dado al equipo americano de la próxima Ryder Cup a un líder espiritual, a un 'capitán' en el vestuario que intentará volver a ganar la Copa en suelo Europeo el próximo octubre.